Fracaso: El contexto

Durante el último mes experimente la posibilidad de muerte por segunda ocasión en 26 años. No morir devolvió el optimismo, pero la inactividad que acompaña la muerte permaneció conmigo; múltiples zonas de mi cuerpo enfermaron. Sin poder comunicarme, moverme o alimentarme; mi vida por unas semanas consistió en la contemplación de mi cuerpo deteriorado. Las enfermedades, además, aparecieron en una etapa en la que mis decisiones están fuertemente orientadas por mis objetivos de vida, creencias y valores. Podría definir esta versión de mi como idealista, terca, consciente, segura y proactiva. Esta definición temporal es, a su vez, producto de mi temporada pasada; de experiencias que me hicieron reconocer el valor en mi y las infinitas posibilidades que existen en el mundo, pero claro si continúo conectando temporadas no podré comunicar mi contexto del fracaso. Mejor te cuento más de mi «florecimiento» en la próxima entrada.

Continuando con el contexto de mi actual fracaso es necesario que sepas que crecí escuchando a los mayores decir «Cuando una puerta se cierra, una ventana se abre». Con el paso de los años la frase siempre se cumplió, así que con cada infortunio regresaba a esta habitación cada vez más convencional y familiar. Sin embargo, nunca estuve tanto tiempo en esa habitación; ahora desconozco el lugar donde me encuentro los tonos pastel de las paredes ya no los veo, las plantas han muerto, no existen ventanas, puertas ni fotografías. La habitación se ha convertido en un espacio oscuro en el que no encuentro mi cuerpo y no escucho mi voz.
La puerta del conformismo se cerró y desde hace algunos meses que he buscado el minúsculo espacio de filtración que me permita llegar al otro lado de la habitación. A esta etapa la he llamado «Adversidad progresista».

Soy un fracaso por el estado actual de mi cuerpo. Soy un fracaso porque no estoy en donde quiero estar profesionalmente. Soy un fracaso porque no vivo donde quiero vivir y soy un fracaso porque aún dependo medianamente de mis padres.
Estas contundentes afirmaciones son mi actual realidad y producto de mis expectativas. Seguro que muchos lectores relativizarán estás ideas al compararlas con muchas otras situaciones que afectan a tantas personas, pero no importa, porque para mi vida esto es el fracaso. Porque como consecuencia de mi terquedad, consciencia y objetivos de vida ahora soy infeliz; me niego y no puedo «encontrar la salida fácil».
Lo que me ha dejado el fracaso: baja autoestima, miedos, verdades, frustración, vergüenza, enojo, constancia y fortaleza; seguro que habrá algo más por ahí que descubra con el tiempo, pero por ahora en esto he reflexionado.
Escribir sobre el fracaso no es mera casualidad, he estado leyendo el libro de Brené Brown: Más fuerte que nunca. Durante los primeros capítulos Brené explica la importancia de ser vulnerable, dialogar intrínsicamente para revelar emociones y pensamientos que evitan prosperar en la adversidad. Así que aquí estoy, siendo vulnerable al exponer mi fracaso actual, mi deterioro mental y físico porque al leer los pensamientos de Brené me percaté que me sanaron. Sobre el libro aún queda más que leer y reflexionar por ello la entrada no es sobre el libro. A pesar de ello, he planeado desarrollar una serie de entradas que relacionen el libro con mi fracaso actual para analizarlo y encontrar mi fortaleza dentro de la habitación oscura.
Si te animas a leer el libro o ya lo leíste y quieres ser vulnerable conmigo acompañémonos en este análisis.

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