Gabino III

Es día de oficina, me despierto más pronto que de costumbre. No es necesario salir a la panadería pues compramos ayer para no madrugar tanto.
Me levanto pronto de la cama con el impulso del descontento que me da el despertador, saco mi cuerpo de las sábanas, me estiro un poco y pongo los pies sobre el piso de fría madera. Camino hacia la nevera, saco la comida que cociné por la noche y preparo algún bocadillo para el almuerzo.
Desayuno mientras meto la computadora, agenda y credenciales en la mochila del trabajo; al mismo tiempo elijo mi ropa, debe ser cómoda, transpirable, versátil y elegante. Llevo pantalones de vestir beige, con una camisa blanca de textura sedosa que tiene impresos un par de tulipanes naranja a cada lado de los botones y unos zapatos sin tacón del mismo color del pantalón.
Tomo el bocadillo, los audífonos, cartera y teléfono; los guardo en diferentes bolsillos de la mochila. Te doy un beso sin que lo notes, te escribo una nota en la pizarra blanca para darte los buenos días y la dejo en mi parte de la cama.
Salgo del departamento bajo al salón, sigo bajando hasta el comedor común, llego a la puerta y al abrirla observo un par de autos aparcados frente al edificio. Un hombre delgado y atlético descarga maletas de los autos con ayuda de otras personas.
Tenemos nuevo vecino.

Viajo en bicicleta hasta Polanco, esquivando patines, autos, peatones y otras bicis. Escucho a Ben Böhmer para olvidar el montón de autos y contaminación.
Será un buen día.

Regreso de la oficina, las maletas y el hombre que vi por la mañana están ahora en el departamento frente al nuestro. Te miro, te beso y te abrazo. Tu estás tan curioso como yo por saber quien es el misterioso vecino.
Hola, amor, ¿Cómo estás? ¿Qué tal tu día?
Bien, amor, el proyecto de Lucía va muy bien así que tendré mas trabajo esta semana.
¡Qué bien!
El tuyo, ¿Qué tal?
Bien, tuve reuniones importantes que me pusieron nerviosa, pero todo salió bien.
En fin, ¿Sabes algo del nuevo vecino?
Lo vi esta mañana descargando cosas de un par de autos y desde allí que tengo curiosidad.
¡Si!, ya quería que llegases para contártelo. Al parecer se llama Brad, lo escuche de alguien que venía con él.
Nos hemos cruzado un par de veces en las escaleras y en la puerta de los departamentos, pero no hemos hablado. He tratado de hacer contacto visual pero él parecía evitarlo.
Así que no ha habido suerte.
Pues no.

Estuvimos toda la tarde en el departamento, tú estuviste trabajando en el diseño de estrategia para Lucía y yo estuve investigando sobre fibras naturales. Escuchamos pisadas por la mudanza, hasta que se detuvieron.
La música empezó a sonar a las 18:00 aproximadamente y Brad no dejo de cantar hasta pasadas las 20:00. Su mix de géneros musicales y desvergüenza por pasarla bien en el primer día me recordó a mi primer semana en Gabino.
Con ganas de conocerlo salí de departamento y buscar la oportunidad de entablar una conversación. Abrí la puerta, su puerta, paralelamente frente a la nuestra, estaba abierta y él de pie un par de metros dentro. Hicimos contacto visual y su mirada inmutada me hizo pensar que tal vez no era buena idea saludarlo. Después de un corto e incómodo momento decidí hacer el tonto y bajar al salón y regresar.

Entro al departamento, me preguntas a donde fui y te cuento lo que sucedió. Nos parece extraño que nuestros intentos no hayan funcionado. Esperamos no tener problemas con Brad en el futuro.

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