Gabino IV

Hace unos días cumplimos un par de meses viviendo juntos y tres meses siendo pareja. Somos una relación intensa que no pudo contenerse en una ciudad alejada a miles de kilómetros y que aún busca inquietamente la estabilidad de un amor naufrago direccionado.
Te escribo los capítulos de Gabino porque cuando soy consciente de mis sentimientos siempre hay algo que desearía expresarte con el cuerpo y se transforma en letras.

Hoy quiero escribirte como me siento cuando no estamos juntos porque es uno de esos días en los que te veo dormido mientras salgo por la puerta muy temprano.

Quiero que sepas que por las mañanas mi rutina pasa frente a tus ojos cerrados, hablo contigo mientras duermes y te cuento secretos que tal vez no recuerdes. Te dejo amor en las notas en la pizarra y en el desayuno dentro del microondas, esperando que sonrías al despertar para que te sientas amado aun lejos de tu Tierra.
Seguro sabes que pienso en ti todo el tiempo, pero sobre todo al regresar a casa. El trayecto se siente como una colina cuesta abajo; fácil, ligera, con aire fresco abriéndome los ojos y el recuerdo de estar plenamente viva. Pienso en lo que estarás haciendo en casa, estarás detrás de la puerta de madera cocinando y escuchando las noticias en Valenciano. Recuerdo lo vacía que fue mi rutina unos años antes de conocerte, la nauseabunda soledad que llenó mi interior y se escapó cuando me besaste aquella noche en Japón. Ahora cada paso hacia ti se siente como un año más de vida.

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